El Refugio de Alquézar abrió sus puertas en junio de 2005, como un proyecto conjunto de la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM), la Diputación de Huesca, el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Alquézar.
Diseñado para integrar alojamiento, formación y práctica deportiva, el edificio de 1.500 m² fue concebido según la arquitectura local, y contaba desde el inicio con dormitorio para unas 80 personas, comedor, cafetería, aulas y rocódromo.
Desde entonces, se ha convertido en un referente en la enseñanza deportiva de montaña y barranquismo, siendo pionero en España para estas disciplinas.